martes, agosto 05, 2014

La violencia que degeneró






Me ha tomado más de una década escribir esta entrada, y probablemente me tome otro lustro concluirla. Siempre supe que la iba a escribir, en algún momento de la vida pero jamás supe cuándo. Y me sorprendió, aunque fuera como todo en la vida el momento indicado.

Me disgusta tanto que la vivencia del ser humano se haya convertido en estos tiempos de amor cibernético, en simple generadora de tráfico noticioso. Que los dramas cotidianos, y las angustias de las personas se vean retratadas en 'realities' visuales o escritos, disfrazados en los correctos nombres de reportajes, o investigaciones. 

Que pongan en vitrina de carnicería maloliente las vísceras del humano destripado, desgarrado, adolorido, avergonzado, para que genere amores u odios. Para que todo el que pase se sienta invitado a emitir juicios incriminatorios y discriminatorios sobre lo que hizo y lo que no quiso hacer, para que jueguen a adivinar sus pensamientos y los condenen.
Y en el fondo, que a nadie le importe realmente. Solo entran en ese juego de opiniones para sentirse mejores personas, o para ser parte consciente o no, de esa consigna de odiarnos a diario, odiarnos por todo, odiarnos por nada. Distanciarnos.

Tal vez por eso me tarde otra década en terminar esta historia. La historia de cuando por ser mujer, por ser yo, y por cargar con una serie de estigmas personales fui víctima de la violencia de género.

Cuando todo empezó yo ni siquiera sabía que eso me podía pasar a mí. Mentira. Me pasaba y me lo negaba todo el tiempo, porque crecí en una sociedad donde las mujeres somos educadas para tragarnos el dolor. Así que digamos que simplemente cambié el escenario.

Con las concepciones absurdas que le da a uno el amor y el deseo, sumados a una temprana acumulación de información sobre la vida que tenía a mis escasos 18 años (no quise cometer ninguna contravención y esperé a mi mayoría de edad para asumir mis riesgos consciente de palabra y obra), decidí formar una familia. No me embaracé por accidente, no me echaron de la casa. Mis adorados padres no me golpeaban, no era drogadicta (aunque si me gustaba mucho la fiesta y los amigos), no  necesitaba un marido que me mantuviera o me comprara ropa, ni un hombre para que me diera placer sexual inocuo. Sabía suficiente como para entender que la vida no era un camino de rosas, y desde ese día hasta el día de mi muerte, creeré que el amor es la redención del ser humano.

Y así me aventuré. Con una bolsa llena de sueños, y con un espíritu ya probado en dolores extraños, quise emprender la aventura de una familia y de un hogar, porque entendí de alguna forma que el futuro es más brillante cuando alguien camina en tu mismo rumbo.

Y aunque llevábamos un tiempo como pareja y para mí los problemas y dramas eran 'normales', nunca imaginé qué me esperaba en adelante.

Ocurrió un día como cualquiera, discutíamos quizá por el color de los muebles que pondríamos en nuestro apartamento recién alquilado, o que se yo, al fin y al cabo el motivo es el menos relevante en estos casos,  cuando de un momento a otro, por un desacuerdo sentí el primer golpe. Muchas veces en mi adolescencia tuve peleas de puños, pero hasta donde recuerdo, nunca un golpe me había alcanzado la cara, (ya que gran parte de saber pelear radica en saber defenderse), pero como no estaba en modo defensa, un golpe seco se me encajó en el pómulo. No pude reaccionar. Todo fue una pesadilla surrealista, con una lluvia de golpes, patadas, asfixia, lágrimas, y todo el tiempo en mi cabeza pensando ¿por qué me pasaba a mí? Cuando reaccioné era tarde. El monstruo se había ido (para mí) y había dejado a mi esposo ahí vacío. La misma cara de rabia que hace un  momento creía que iba a matarme, de un momento a otro se tornó en una cara de terror, de angustia, de arrepentimiento, de ganas de volarse la cabeza. No era para menos. Recuerdo que cuando volteé a ver mi cara al espejo, supe que algo había terminado en mi vida. Supe que en adelante nada iba a ser igual para mí. Por primera vez, vi mi cara desfigurada a golpes, me costaba reconocerme. Los pómulos hinchados y negros, los labios reventados y las encías llenas de sangre, la cabeza deforme por los 'chichones' y muchos más dolores en todo el cuerpo que me costaba localizar. Siempre guardo esa imagen en mi cabeza, como el doloroso fin de los sueños que no habían podido ser arrancados antes. Como el inicio de la desgracia.

De ahí los episodios primero eran espaciados, después más frecuentes. Después ya que importaba. Ya mi cerebro contaba con horarios específicos en los que la alerta era mayor (fines de semana, días de pago, días en que el tráfico no me permitía llegar a mi hora acostumbrada y se convertía en otro motivo). Días en los cuales era imposible ocultar las marcas en el cuerpo y en el alma, y que aun así había que salir a la calle, seguir trabajando y seguir estudiando porque la vida seguía. Porque el mundo no se detenía si mi cara ya no era tan bonita, si no  me podía vestir de una manera que me gustara porque era interpretado como una búsqueda de flirteo en la calle. Que terminar una carrera literalmente me costaba sangre, porque cada trabajo en grupo, cada salida con mis compañeros a esperar el bus, o cada salida de esas ocasionales en las que uno la pasa tan rico con los que estudia era un riesgo casi que de morir. Y aun así, para mí  la vida continuaba. Si me iban a matar, quería que por lo menos fuera viviendo. Algunas cicatrices son testimonio de que ese pasado sí fue y otras simplemente heridas que se niegan a cerrarse. Visité tantas salas de urgencia y algunas de cirugía que desarrollé una fobia inmensa a los servicios de salud. No por la mala atención, sino por lo que me evocan cada vez que voy así sea al odontólogo. 

Con el tiempo, mi autoestima hizo lo que tenía que hacer. Desmoronarse. Llegué al punto de sentir culpa y vergüenza por lo que me pasaba (la culpa no es importante, yo era responsable pero de ningún modo culpable, algo que me costó años entender). Me costaba pensar en el suicidio como salida, pues mis dos hijos ya estaban conmigo y para mí siempre es claro que el dolor no es morir, sino sobrevivir a los que  mueren en esas circunstancias. Vivía por inercia, porque en el fondo sabía que para mal o para bien esa situación no duraría para siempre, y me cuestionaba los motivos para seguirla soportando.

Sí, yo también recibí esos odiosos comentarios de: "pues demándelo", "pues déjelo, o ¿es que le gusta vivir así?" "pero ¿qué le pasa, si usted es bonita, joven e inteligente?" e incluso los no pocos "pues por algo será que la trata así, a uno no le pegan por portarse bien" (de eso escribiré algún día porque a veces uno si se busca los golpes).

Sin mucha carreta, mis razones eran dos, el miedo, y el amor. Cuando uno vive bajo amenaza física y verbal constante, desarrolla un miedo que le permite exagerar las consecuencias de lo que haga. Miedo de hacer, miedo de no hacer. Miedo de que cambie. Miedo de que no cambie. Miedo de despertarse un día y tener a su espalda un dolor mucho mayor. Miedo de que la gente le diga a uno 'te lo dije' como sentenciando que uno es idiota. 

Y el amor. Porque no es solo mi historia. Estaba la de él. No podía justificarlo, pero entendía que su comportamiento era la suma de circunstancias no menos difíciles que las mías, de una sociedad que no supo darle lo que necesitaba, que nunca le pudo explicar qué era una familia o para qué era. Que ni siquiera le vendió la estructura básica para entenderla. Él no me odiaba a mí. Odiaba su entorno y yo estaba siendo parte de ese entorno que siempre había tratado de acabarlo. 

Creí firmemente en que podía sacarlo del abismo. No escatimé recursos, y las cosas que hice para sacarlo del hoyo no están para ser contadas. Di todo lo que tenía, y el daño era tan grande que nunca fue suficiente. Al tiempo que ambos nos hundíamos, nos marchitábamos por el mismo camino, nos perdíamos sin lograr jamás volver a encontrarnos. En las treguas descubrí cuanto había yo cambiado. Cuanta rabia traia no solo de esos años sino de los anteriores tratando de luchar contra otras más hostilidades que quizá un día escriba también. 

Los dos últimos intentos, el de redención y el de renuncia, se dieron tan juntos que no puedo saber cómo contarlos aparte. Solo sé que esta historia no tuvo un final feliz para nadie. Solo sé que no me arrepiento de las decisiones tomadas. Solo me cansé y solté su mano. El destino tendría para hacer el resto.

El fin de este cuento se encuentra en una de las miles de páginas de crónica roja que se escriben en este país cada vez más a diario. Al final, yo también estuve expuesta (sin nombre propio), al escarnio, a la condescendencia, al juzgamiento. Pocas palabras de aliento, de amor y de apoyo sincero hubo para mí en esos días. Era mi culpa, yo me lo había buscado. Por patiabierta, por ‘culipronta’, por mala. Por yo. 

Después de casi una década, a veces me despierto todavía en medio de la madrugada, con miedo y angustia, porque mi cerebro no se olvida todavía de esos horarios que el sentido de supervivencia le ayudó a programar.

Algún día concluiré esta historia, o la volveré a contar.


viernes, mayo 23, 2014

Políticamente Correcto

Ya empezando, la embarramos, el título de este post es algo de esas cosas que ya no se puede decir sin tocar el nervio palpitante de la conciencia colectiva que cada día nos traga una parte de nuestra individualidad, de nuestra forma de ser, de nosotros mismos.

El título es repetido, soso, ya sabe uno que huele a insulto disfrazado de crítica que pretende ofender a la mayor cantidad de gente posible sin que se den cuenta.

De acuerdo con los nuevos cánones de socialización y las normas de comportamiento humano, uno ya no debe, ni puede:

Hablar de fútbol, de ciclismo, de fórmula 1, de nascar, de tenis, de golf y de cualquier tipo de práctica deportiva donde triunfe alguien con quien uno pueda identificarse. Si es de su país, entonces usted es un triunfalista, pero si es de un país extranjero usted es un arribista que no quiere a su patria. Y de donde sea, usted es un alienado que no piensa sino en cosas banales como el deporte de alta competición cuando el mundo se sigue yendo por un hoyo podrido.

Hablar de religión, de ateismo, de curas, de espiritualidad, de Dios, de Satanás, de Monesvol, Chtulu, el Indio Amazónico, de la Virgen del Carmen, de Brujería, de la Santa Muerte, de Vudú, porque bien, usted es un pendejo que se hizo adicto a una droga donde le dicen qué tiene que hacer y como hacerlo, porque usted le hace caso a otros seres humanos cuya conducta es indeseable y que no deberían decirle cómo actuar o cómo no hacerlo, y porque rezarle al que sea o maldecirlo según su elección, no hará nada para que el mundo se siga yendo por un hoyo podrido.

Hablar de política, elecciones, democracia, historia, leyes, paros, protestas, ni a favor ni en contra. Porque si usted manifiesta pensar como no piensa el que más escándalo hace, usted es un bruto, un pobre, una persona que se vende por un tamal y una teja. Pero si manifiesta pensar como piensa el que más escándalo hace, usted es un comunista, izquierdoso, mamerto, mantenido del estado, subsidiario, subversivo y amigo de Fidel. Porque incluso su anhelada anarquía es apenas un espejismo que al final no nos sacará del hoyo podrido.

Hablar de sexo. De transexuales, homosexuales, multisexuales, aberrados sexuales, deseos sexuales, anhelos sexuales, juguetes sexuales, problemas sexuales, aciertos sexuales, chistes sexuales, duelos sexuales, trabajadores sexuales, enfermos sexuales, educación sexual, todo porque si usted obedece a sus instintos ancestrales y no los reprime, arriesgándose en todo caso a que su represión desemboque en un problema mayor que le afecte a usted y a otros, su cabeza vive dentro del hoyo podrido.

Hablar de idioma, de lectura, de escritores, de ortografía, de libros, de blogs, de ferias, museos y exposiciones. De intelectuales y de artistas, y de maestros y de sus demandas. Hablar de la cultura que se va construyendo es monstruoso porque solo somos la copia al carbón mal hecha de sociedades mal educadas, entonces no podemos atesorar nada de lo que ellas tuvieron si no queremos terminar igual. Debemos volver a las raíces, a lo propio. Eso sí, anhelando siempre ir de vacaciones así sea una vez a Disney. Si usted cita libros, le tildarán de arrogante, mamerto, personaje que habla por parecer inteligente pero que hay una gran probabilidad que no sea. Si no lo hace, probablemente descienda con dignidad al fondo del hoyo podrido


Hablar de género, de hombres y de mujeres, o de travestis. Porque los hombres son para lo que son los hombres y las mujeres son para eso también. Pero cuando uno de los dos quiere ser para lo que es el otro entonces ya es políticamente incorrecto, que para eso Dios los hizo así, que para eso el sol sale por el oriente, y los hombres trabajan y las mujeres paren. Pero si es mujer y se quiere dedicar a parir es una mantenida, y si se quiere dedicar a follar sin parir es una vagabunda. Y si es un hombre y se quiere dedicar a ver fútbol es un troglodita (y no volveré al párrafo 1) pero si le gusta el color rosa y sabe de marcas de zapatos y no le pega a su novia es un maricón. Si tiene 30 y no va donde las putas es un pendejo, y si no le pone los cachos a su mujer es porque ella lo manda, y si no trabaja para mantenerla es porque su papá tenía dudosas conductas sexuales. Y entonces a uno le dan ganas de tener vida de perro y poder excavar hoyos podridos o no y que nadie le diga nada.



De si está gorda, flaca, alta, enana, del color de su piel o de su pelo, de la talla de su ropa, o del tamaño de la barriga del señor en cierta etapa. Porque si lo hace es un superficial, pero si usted la tiene es un descuidado que está así porque se dejó llevar por el consumismo en forma de payaso, pero si va al gimnasio es porque tiene la cabeza hueca y como dicen 'si le dicen gorda hace ejercicio pero si le dicen bruta no lee un libro'. Entonces tiene que no hacer ejercicio, pero verse delgado y poderse poner ropa decente, de marca y ojalá cara, pero a la vez leer y ser culto e inteligente. Saberse todos los títulos de las obras del nobel y seguramente los nombres de las señoritas colombia de los últimos 20 años, así no tenga ni la más remota idea que es la Corte Penal Internacional o como funciona el Código Electoral de su país y los mecanismos para cambiar lo que le gustaría cambiar.


Hablar de amor y de desamor también. Si a usted le ama su pareja, o la ama, ¡qué oso ponerse a decirlo en público! eso es para inseguros, para pendejos, para gente que se inventa novias de goma o hechas de pantalla líquida para ser la envidia de los demás. Pero si lo dejan con el corazón como caña de trapiche, destrozado y escurrido, no llore, no escuche canciones deprimentes, no hable todo el día de esa persona que eso no se ve bien. Y aquí no cuenta lo que usted siente, cuenta que usted se vea bien.


No hable ni piense en pobres, en ricos, en idiomas extranjeros, en modelos educativos ajenos, en libros que quisiera leer, en rock clásico, ni en rock propio, en música de su tierra, pero en música en otro idioma tampoco, ni en santos, ni en demonios. Ni en la marca de pan del osito, pero tampoco demuestre la pobreza comprando pan de 100 en la esquina de su barrio. Odie a los taxistas y su mafia pero no monte en bus que eso es para pobres y lo roban o lo manosean. Hable mal del medio ambiente pero no haga el ridículo recogiendo su 'menage' en los restaurantes de comída rápida. Raje del alcalde, del presidente, del ministro, del abogado, pero si uno de sus familiares es funcionario público o policía o soldado, sepa donde poner sus paréntesis y sus puntos suspensivos. Odie a su jefe con vehemencia pero quédese callado cuando insulta a su compañero de trabajo solo para demostrar su autoridad y no diga nada, que eso se ve mal. Si algo no le gusta, incomódese, pero calladito porque eso no es propio de la gente educada. Hable mal de su país pero váyase a vivir al cono sur y póngase la camiseta de la selección porque eso de ser extranjero lo hace a uno atractivo.


Sea políticamente correcto. A su alrededor, las consecuencias.
Time - Pink Floyd

jueves, mayo 08, 2014

La sed del otro

Se dice tanto acerca del sufrimiento propio y del ajeno. Que cada uno tiene su procesión interna, que para todos sus propias debacles son una tormenta cuyo alcance solo puede apreciarse desde el propio ojo. 

Y de pronto llega el día, donde se empiezan a contar los días sin angustias, los días en los cuales la vida no nos parece un mar en eterna tormenta, solamente un mar, en el que hay días que hay que navegar con más fuerza, y otros no hay que esforzarse tanto. Nos damos cuenta que algo cambió y que aprendimos a sufrir menos, y a manejar esos demonios que en otras épocas nos impidieron conciliar el sueño, tener un sueño, alcanzar un sueño, recordar siquiera que podíamos soñar. 

El entorno cambia, se torna extrañamente tranquilo, y uno se pregunta si debería acostumbrarse a estar así, si debería olvidar de donde vino, y cerrar para siempre la puerta del caos para dedicarse a construir.

Y alrededor continúa el mundo sufriendo, ahogándose, muchos aún en medio de la tormenta sin siquiera saber que están ahí. Como bebés, o como cachorros, usando hasta el último gramo de su energía pataleando para no ahogarse, para no hundirse, para no sucumbir. 

Ahí donde vemos las bocas abiertas, desesperadas por aire, los ojos cansados de llorar, los brazos caídos cansados de remar y de abrazar y de esperar, y de alabar y de suplicar, las heridas abiertas de mucho tiempo sangrantes, aquellas que no cicatrizan nunca, es cuando caemos en nuestra tentación de mirar atrás, donde recuerdas en qué lugar es que están las cicatrices y algunas heridas que habias olvidado. 

Donde tornas a ver el abismo, y quisieras salir corriendo pero esa empatía humana te impide hacerlo, porque no quieres que nadie sufra, porque et da miedo verlos sufrir. 

viernes, enero 10, 2014

Haciendo Cuentas

Mil días sin tomarme el par de minutos necesarios para las decenas de palabras que aunque finitas y contables, no pueden cuantificar el cómo decirlo.
Cifradas en mi memoria, cuento las horas hacia atrás, y los días por delante, y sumo y resto el momento presente, donde el resultado sigue por alguna razón siendo cero.
Avanzan los días, con sus horas y sus minutos, pero siempre con la sensación de estar restando. El movimiento del tiempo solo sigue siendo una cuenta regresiva de la cual no sabemos el punto final.
Kilómetros de distancia, para quedar a solo centímetros del abismo, y para que el abismo solo sea realmente una brecha inmensa con poca profundidad.
Cuentas hasta diez, y en reversa, para volver a tomar tu curso, para iniciar la cuenta nueva, para dar vuelta a la hoja, para ver otra vuelta del reloj.
Por  más que creas que has llorado un río, tus lágrimas no completarán ni una cucharada. Y que creas que lo has visto todo, no escribirías diez líneas coherentes con tus experiencias. Que si vas en el camino de ascenso, seguramente no habrás recorrido ni cien metros.
Ni recorres los dos pasos que te separan de eso que tanto quieres, ni corres tan lejos como para ver tus ecuaciones en perspectiva.
Cuentas, cuando todo es incontable, no te atreves a contar, ni a mencionar. No te atreves a enumerar, ni a ponerle un plazo a tu incertidumbre. Solamente es que no sabes nada de contar.

Leda atomica - Salvador Dali







domingo, diciembre 29, 2013

Despertares Atroces

Hace ya mucho rato se me ha complicado un poco la labor de escribir, por algunas razones que no vale la pena mencionar. Afortunadamente, la tarea de leer siempre ha estado alimentando mi espíritu durante esas circunstancias bloqueadoras. Esta entrada, es sobre un libro que me regalaron hace poco y que me sorprendió de manera grata. Despertares atroces, que se me parece a algunas de mis pesadillas. Me gusta la idea de compartirlo aquí, y mis impresiones. 
Predata: Si todo sale bien, quizá siga compartiendo por aquí algunos libros interesantes que me han llegado últimamente. 


Despertares Atroces, es un libro de cuentos de terror escrito por Alvaro Vanegas y publicado en línea por E-ditorial 531
Una serie de pequeños viajes a mundos de pesadillas que comienzan justo al despertar. 
Algunos de los relatos no necesitan transportarnos a mundos extraños o desconocidos, nos habla de la parada del bus, el camino a la oficina, el despertar después de una fiesta salvaje con resaca y recuerdos por partes, una carretera, una crisis matrimonial, o uno de esos días en los que nos levantamos, pensando que todo va a ser mejor. Cualquier circunstancia es punto de partida para historias de esas que podrían pasar, porque todos hemos tenido al menos uno de esos lugares o situaciones comunes. Lo interesante de escribir terror, es llevar al espectador, en este caso lector, a pensar en la posibilidad de que estas historias o quizá otras más aterradoras, pasen, hayan pasado o puedan pasar, cerca de nosotros, en nuestras casas, en nuestras oficinas, y en nuestras propias mentes. 

Otras de las historias, nos traen realidades alternas, futuros probables, o dimensiones paralelas, las cuales no podemos pasar por alto, nuestros sueños podrían ser puertas a esos otros mundos donde también pueden ocurrir cosas aterradoras, y dormir en este plano, podría significar estar despertando en cualquiera de los imaginados, en cuentos como "Asamblea Extraordinaria"o "Equilibrio"

Once despertares de un sueño, donde los personajes de la historia quisieran estar soñando para poder despertar y parar la locura, o quisieran dormir para no tener que abrir los ojos a realidades, que no son controlables como sí pueden ser incluso las más aterradoras pesadillas. 

Vale la pena mencionar las ilustraciones del libro, una gran calidad visual y que complementa de buena manera el contenido. 

Bien, comparto el regalo con ustedes, ya que es de descarga gratuita por tiempo limitado.


 Descargue Despertares Atroces




martes, mayo 22, 2012

Huidas


Mi amante la palabra, la que siempre me acompaña, la que adorna mis labios mejor que el carmín, la que ilumina mis pensamientos mejor que la misma idea, la que hace que exista, la llave que abre la puerta, el candado que la deja cerrada, el puente que franquea el abismo de silencio al que nacimos pegados. Esa que hoy choca en el vacío del respiro, que quiere salir y se agolpa contra las pupilas dejándolas sin luz. La que me permite tener la memoria, la que me avergüenza hoy y no cae por entre mis dedos ansiosos de repetirla, me toca los labios, rebota una y otra vez contra el interior de mi cabeza y sabe que se está volviendo fuerte y que algún día va a salir. ¿En qué momento me he rendido? ¿Dónde fue que decidí callar? Cuando leo, cuando escribo y converso palpita de nuevo el alma y me siento nacer una y otra vez, pero ahora es diferente. Hay miedo en mis escritos, hay temor de que sean vistos, las ideas se sienten perseguidas no por ejércitos llenos de ruido, ni por estruendosos ruidos que desplazan de momento la angustia y la convierten en energía para desplazarse. Escribo nuevamente a la velocidad de mi voz y mi pensamiento, para que ese enemigo, suave y cauteloso no pueda alcanzarme, porque es rápido, porque es letal, porque consume mi existencia, mis ganas de seguir respirando, inspirando, suspirando. No me robes ya los sueños, no me robes algo que no es tuyo, mira la sangre en el dintel de mi puerta porque ya te he pagado el precio y continúa delante con tu camino. 

miércoles, abril 11, 2012

Águilas

Me dolieron las alas tanto ese día, y sin saber caminar por haber volado tanto tiempo, cerca de la tierra me encontraste. Hasta tanto después entendí que me sonreías, porque nunca me había fijado en eso, acostumbrado como estaba a enterrar las garras, sentir el palpitar agonizante acelerado por el miedo, la suavidad seductora de la carne y el calor vertiginoso de la sangre corriendo por las córneas garras que me sirven de pedestal. Y sin embargo tan inmóvil e indefenso, que solo pude desafiarte con mi mirada, que gélida no fue nada contra los dos soles que iluminaban tu cara. Entonces creí ser alguien diferente, y recordé que lo terrible de mi pasado ni siquiera fue por placer sino porque nunca conocí otra forma de encontrarme. Pero un día mis alas sanaron, y sentí la necesidad de encontrar el cielo, la cúspide, esa cornisa de roca donde fui invencible y solo. Al alba, antes que el sol se entere de su propia tibieza, extendí mi presencia completa, y cuando te ví llegar sin pensarlo una vez siquiera, extendí todo lo que soy, rasgando esa sonrisa y desfigurándola sin querer, y busqué la ventana, y sentí el aire nuevamente, y me elevé hasta donde quizá nadie antes que yo haya llegado por sus propias fuerzas. Alcancé mi cueva en lo alto de los riscos, y fui nuevamente yo.
A veces el sol sale, y recuerdo aquel día, con la vista prodigiosa que ve lo que nadie podría, fijo mis pupilas en tu presencia, y más notorio que aquella marca en tu rostro que aterra a quienes no la miran tan de lejos, sigue brillando tu sonrisa, y te sigues acercando a esas criaturas tan cerca de la tierra, y aunque jamás logre entender por qué no las destrozas siendo más fuerte de lo que soy, aunque sigo sin entender por qué te importan tanto, no dejo de recordar la mañana en que fui una de ellas y te acercaste a mí sin miedo, y aunque amenazante muestre mi sombra sobre tu física presencia, se que jamás me temerás, ni te esconderás del sonido del viento forzado que hago soplar, se que sin ver las alturas, vuelas más alto de lo que mi ahora corta vista, puede llegar a imaginar.

viernes, agosto 19, 2011

Entrada por salida

Esta entrada, es solo para decir que por ahora no hay entradas. Creo que todos los que vivimos en el bloguniverso sabemos qué es un bloqueo. Bueno al menos los que escribimos. Hay muchas ideas bailando en mi cabeza pero cuando tienen que bajar a las manos, al teclado, a la libreta...se van de fiesta las muy méndigas. Pero volveré. Eso es seguro.

domingo, febrero 20, 2011

Lo que siempre he querido hacer

Me atropellan reflexiones a menudo y, ¡¡cómo me gustaría poder escribirlas en su momento!! Me parecen tan maravillosas, aunque a veces, ya escritas son tontas y simplemente las borro.

Así que para aburrirlos y distraerlos el día de hoy. ¿alguna vez han pensado en esas pequeñas cosas tontas que todos quisimos hacer algún día? Como comer en ese restaurante del que toda la vida nos imaginamos por dentro porque jamás nos atrevimos a entrar. No hablo de esas cosas trascendentales, o importantes, o que cambiarían el mundo. Sino de esas cosas que uno podría hacer en cualquier momento, y que simplemente jamás decide.

Hoy más que siempre, siento que la vida es demasiado corta y que ya muchos de esos tontos sueños que parecen dulces baratos que nunca compramos, tal vez, jamás pueda probarlos.

Sí, tal vez a uno se le muera la ensoñación, y se le acabe la capacidad de escaparse a mundos diferentes. Pero esperaría que a nadie le pasara después que me pasó a mí.

domingo, noviembre 28, 2010

Apenas juntando palabras

Las palabras en sí no son nada, no significan sin éter las sostiene. 'Imposible' tiene un tono tan sarcástico sobre todo cuando lo pones cerca de 'Amor', que a su vez tiene un tinte bastante soso y aniñado. 'Casualidad' y 'Destino' ni siquiera saben para dónde van, o si van a alguna parte. 'Nostalgia' es quizá la que más se parece a sí misma. Now if we try this in other language, may be that is the same. 'Madness' is a psycho word.

Pero, ¿y si nadie las junta? aún juntándolas, me siguen pareciendo sin sentido, sobre todo desde que encontramos la forma de no usarlas y saber que nos comunicábamos.

((Nota en medio: justo hoy tengo afonía total)).

Ya quisiera un '¡¡Gracias!' poder ser suficiente con sus 7 letras para devolver la felicidad que nos es proporcionada. Ya quisiera un 'Adiós' ser el candado poderoso y sin llave, que nos permita cerrar puertas que por la fuerza de lo que ocultan tras ellas son difíciles de cerrar. Ya quisiera un 'Mañana' darle toda la esperanza para seguir avanzando en medio de la falta de luz. Pero a medida que avanza la vida, los silencios son más prolongados porque 'Indefinible' se sienta a reírse en nuestra cara de hacer tanto y tan poco por nuestras interpretaciones.

'Tiempo' sabio, prudente y silencioso
Así que mejor digámoslo sin palabras. El silencio, obligado o voluntario es más poderoso porque nos deja ver lo que sigue siendo importante.

domingo, octubre 17, 2010

Thinkin' of(f)


Día a día, me despierto creyendo oir tu voz.
Día a día, todavía, me duele nuestro adiós.
Quien no se ha equivocado no trató.
Quien nunca ha perdonado nunca amó.
Y quien jamás pecó, jamás vivió.
...
Día a día la nostalgia me impulsa a continuar.
Día a día la distancia me aconseja olvidar.
Tú y yo, con un pedazo de razón, y compartiendo el
mismo corazón, que tenemos partido en dos, día a día!

Aunque lo intente mil veces no puedo ahogar lo que
a tu alma pertenece, y así olvidar!

Día a día me levanto queriendo ser mejor
y me acuesto, noche a noche, con mi contradicción.
Viviendo entre la espada y la pared enfrento al
horizonte del ayer, y de él se asoma usted, ¡día a día!

Sun-day

Un día sin un mañana, porque el mañana es una mera ilusión. Solo una fila de postales, imágenes de paredes pintadas y de puestas de sol, de días fríos vistos a través de la ventana y de cristales chocando en medio de muchas risas. De verdades a medias y verdades completas que lo toman a uno por sorpresa y lo iluminan o lo dejan ciego con su luz. De arte estático y dinámico. De vanidades y banalidades, en las que siempre me tomo un tiempo para detenerme y disfrutar el aroma del instante cualquiera que este sea.
A pesar de la turbulencia del mundo, no me privo jamás del placer de parar un instante en el tiempo, y mirar alrededor, contemplar la noche, o el frío divirtiéndose cuando nos hace esas dolorosas cosquillas. Sentarse y solo observar. Saliéndose del contexto donde está y no está, solo observando. Postales maravillosas que llenan un álbum que siempre me puedo sentar a mirar las veces que quiero. Pero que solo disfruto cuando el perdón llega, cuando los recuerdos son tesoros y no dagas que parten el alma.
Hoy solo me sentaré y veré a través del humo mis postales, de 'personas-universos' que han abierto sus puertas y sus secretos para develarme maravillas. De la inmensa fortuna de poder sentir una inmensa tristeza con sabor a cigarrillos a punto de apagarse, a la última cerveza, al abrazo y a la despedida. De sonrisas, chistes malos, penas compartidas, alegrías inventadas. De amores imposibles, y de que es imposible no enamorarse una y otra vez de lo que le pertence a un instante especial. Del disfrute de la melancolía porque es como cuando uno se rasca las ronchitas después del paseo.

Un día sin futuro, pero con un gran pasado. Al fin y al cabo el mañana es solo una ilusión.

jueves, octubre 14, 2010

Así somos ...(las mujeres)

Bueno. Ya que no tengo lectores reconocidos o registrados, siento que no debo disculparme por la falta de continuidad temporal y temática de este blog. Pero al fin y al cabo así también es la vida, profunda en ocasiones y superficial en otras, así que no me parece tan descabellado cambiar de tema así por que sí. Unos días nos angustiamos terriblemente por las profecías mayas y al siguiente estamos peleando con el chofer de la buseta para el que quizá una 'maya' sea una abeja o la red de una mesa de tenis.

Ahora , cuidándome del tema de las demandas, si alguna vez en otra reencarnación alguien se entera de quien soy yo y sabe por qué escribí esto, simplemente déjenme decirles que este año ha sido malo y terminándolo estoy susceptible...y ya. O ira e intenso dolor, como diría mi abogado.

Así somos las mujeres. Yo, que soy particularmente apasionada por cosas que poco interesan a las mujeres. (sí, ya  lo sé ,  eso lo dicen todas. Pero yo tengo pruebas documentales y evaluadas por 'expertos', a diferencia de quienes lo dicen sólo por congraciarse con el maravilloso género masculino), me pregunto ¿por qué somos así?.

De una mujer solo se puede ser dos cosas, amiga o enemiga. No hay términos medios, no hay un 'oiga, es como chévere pero la verdad no está en mi círculo' o 'la verdad, ni siquiera me había fijado que existía' como hacen mis señores. No. Siempre todas tenemos un maldito punto de referencia de nuestra 'zona de guerra' es decir, del espacio donde siempre queremos ser las primeras, las únicas, las bonitas, levantadoras admiradas, con las que todos se quieren acostar y la que todas quieren ser. Siempre sabemos quien está más gorda, más flaca,los colores de la ropa (hasta la interior) cada cuanto se tintura el cabello, si se lava los dientes, si tiene novio, si la miró un tipo feo, o el mas lindo (pero ¿qué le ven a esa vieja?). Siempre tenemos la necesidad de que las otras nos acepten, es más nos interesa más que nos acepten y nos admiren ellas, que ellos. Tal vez y como única defensa, es porque ellos son menos inteligentes y más fáciles de convencer . El resto del tiempo,  vivimos en un canibalismo permanente, y a las que no canibalizamos, queremos imitar o que nos imiten. Pero nos juramos libres, independientes, liberales, mente abierta y todas esas cosas que les gusta escuchar a los hombres para acercarse como moscas a las venus atrapamoscas seducidos por algo que no existe.

Pausa para aclarar que el uso de la primera persona del plural no hace alusión a que quien escribe esto asuma todos esos mismos comportamientos. Sólo que no seré tan arrogante de decir que nunca he caído en la tentación natural de portarme tal como describo.

Se supone que nos funciona mejor el cerebro a dos hemisferios y eso nos da para cosas como poder estar escribiendo esto, planeando mi día, charlando bobadas y leyendo sobre fútbol, todo a la vez. Pero ese cerebro multi tarea nos llena de más errores (como el Windows Vista que decía ser mejor) y de más preocupaciones.
Matemáticamente somos más en número, pero en esencia, nos sentimos igual que hace 100 años, asustadas por ser mejores (¿mejores que quien?) y tratando de ganar una carrera donde tal vez algunas no queremos correr pero la marea humana nos arrastra.

No reniego de mi condición, qué dicha no despertarme rascándome la entrepierna, y tener el talento de elegir tanto ropa de hombre como de mujer y regalos para niños. Pero en medio de la masa me pierdo, me asfixio y me ahogo queriendo hacer fila entre princesas cuando parezco más una Juana de Arco (con esquizofrenia incluida) con ganas de salir a dar machete por cualquier causa loca.
Tal vez pensar así solo me haga igual de ... ¿desesperante? al resto. Sólo que por el otro lado de la moneda.