lunes, septiembre 19, 2016

Me voy al Twitter

No es porque sea lo que está de moda, ni porque Facebook ya no lo está. No es porque pueda satisfacer mi megalomanía y necesidad de atención que me apremian. Para eso se necesita más que twitter. No es que me haga muy feliz la idea de reducir mi dialéctica a 140 caracteres (con espacios y signos de puntuación) que asesinan mi escritura y ahí de paso el idioma. No me mata ser popular aunque a veces lo extraño.
Tampoco es que vaya a abandonar las otras redes (se que ahora podemos sincronizar las publicaciones) así que más bien será ganancia poder atormentar al mundo desde dos plataformas. Y hasta más si contamos Instagram y este blog.
Muy seguramente en un par de semanas me arrepienta y tenga mi arrebato adolescente de volver a cerrar todo, de pensar que es un asco tener que vivir y relacionarse así, pero han pasado cosas dentro de mí (que puede que por fin sea madurar aunque no estaría segura) que me hacen pensar que tener twitter al final de todo no es tan mala idea.

Así que si me siguen, es bajo su responsabilidad, al fin y al cabo no voy para ninguna parte. Y no significa que voy a devolver la cortesía y sumar a sus estadística. Gánenselo como mérito.


Así que cuando se abrió el quinto sello, el ángel tocó su trompeta y anunció voz en cuello "Téngase mundo, que Dulcyfer abrió twitter después de que con el alma dijo que no lo haría"

Así que claro esto me pueden ver hacer el ridículo en @Dulcyfer_


sábado, enero 02, 2016

Politiquetas

No ha pasado el segundo dia del año y ya estamos inundados de "seudo protesta" polìtica virtual. Ya todos odian a sus alcaldes, al partido contrario, a los proyectos de ley sin aprobar ( porque se nota que desconocemos como funciona nuestro legislativo) y repetimos lo de todos los años. En unas semanas el tradicional paro de maestros, las marchas y de nuevo, todo lo mismo. En el caso de mi amada Bogotá empieza la tormenta porque en modelos políticos cambiamos de un extremo a otro, así que la oleada de críticas vendrá a ser más o menos la misma pero desde el otro lado del espectro. En cuanto al tema de moda, escribí una breve opinión que quise compartir por aquí sin ánimo de algo más que generar comentarios constructivos y ya dejar de leer la misma carreta de siempre.
Es ingenuo pensar que el metro en serio resolverá algún problema de movilidad en Bogota (ni siquiera con el proyecto que tenía el alcalde anterior) Transmilenio fue un plan concebido a 20 años que no se 
desarrolló en los últimos 12 gracias al populismo mal llevado. El metro como bandera de campaña de volvió mas otra herramienta electorera que una real solución a los problemas de movilidad. Hay que tener en cuenta que la mayoría de quienes nos quejamos de TODOS los alcaldes y presidentes olvidamos nuestra responsabilidad en la transformación de la sociedad y nos volvimos cómodos echándole la culpa a "los que votaron por el otro candidato" lavandonos las manos y volviéndonos objetos pasivos ( o estorbos) que dejan de aportar a la solución y se vuelven parte del problema. Si usted es de los que espera un alcalde o presidente mesías que venga y arregle mágicamente los problemas locales y nacionales hágase un favor, no se engañe más. Votar fue un gran aporte, pero el esfuerzo requerido para lo que sea que usted pretende es diario, permanente, consecuente y sobre todo constructivo. Si va a exponer su ideología (centro, izquierda, derecha o importaculismo) hagalo sin poner al otro como ignorante o menospreciarlo por no pensar como usted. En cuanto a la divulgación de la información que ahora està en manos de todos, es triste que la técnica tendenciosa y alarmista haya permeado medios que se promocionaron como alternativos. Ya las noticias no tienen análisis ni investigación. Son opiniones y quejas disfrazadas de noticia que no proponen ni 
dan datos relevantes. Un feliz año a todos y no se amarguen. Llevamos un siglo quejándonos de todos los gobernantes y eso no sirve de nada. Empecemos a explorar en serio nuestras opciones.

miércoles, octubre 21, 2015

Yo no odio el reguetón

Ni a quienes lo escuchan.Tampoco lo amo ni es lo que me fascine escuchar. Pero no lo odio. Ni a los cantantes, ni a los que lo bailan o cantan a todo pulmón. Si lo hiciera no sería por razón de su música. Porque me guste o no, fácil, difícil, inculta o no, tenemos que clasificarla ahí , como el  "Arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente."  ¿sonidos? sí, ¿producen deleite, conmueven la sensibilidad ya sea alegre o tristemente? Sí. Ya que un músico venga a debatirme sobre la armonía, los tiempos y esas cosas no. Por eso no todos somos músicos. Para el resto de los mortales, no es usurpación usar el término.


Mierda, basura, y los otros adjetivos usados para referirse al objeto o sujeto de la práctica cultural, solo le quitan argumento a los auto denominados intelectuales que con tanto ahínco se esfuerzan en decirnos lo que está bien y lo que está mal.


Soy de la asombrosa mayoría que escucha otros géneros, en mi caso particular el rock, pero el espectro de lo que oigo es tan amplio que caen muchas cosas en mis oídos. En general, se quedan las que me gustan y considero buenas. Los clásicos para mí, que pueden ser Brahms o AC/DC. 


La asombrosa mayoría de la cual no conozco ni al 1% de la población, en algún momento tuvo que departir, compartir, o llegar como sujeto pasivo a una fiesta, transporte público o taxi donde se escucha reguetón. En mi caso, no me aplico a destilar insultos durante o después de la travesía . 


De la mejor manera posible, con alcohol de por medio de preferencia, trato de hacer el rato lo menos amargo que se pueda. Me río, hago parodias, bailo muy mal, pero no olvido que quienes me llevan voluntaria, fortuita o forzosamente a la situación, son seres humanos. Y que merecen lo que yo merezco y más (de lo bueno, de lo malo no podría asegurarme) .


Me amarga leer y oír gente diciendo que es música basura por 'sus letras' (al parecer muchos de los que a grito herido cantan rock en inglés en sus ratos de ocio no tienen idea de lo que están diciendo), por 'sus videos' (que se parecen en algunas cosas al soft porn, pero contra ese nadie hace campaña negativa en masa), por 'la cosificación de la mujer' (cuando nos cosificamos matándonos de hambre para estar flacas, criticando a las otras como se visten o con quien y cuantos se acuestan) y por otra cantidad de argumentos llenos de palabras bonitas y rimbombantes que solo buscan adornar lo malas personas que somos, lo excluyentes y clasistas que somos, lo cafres que nos gusta ser y como aprovechamos cualquier espacio para desarrollarlo. 


Capítulo aparte la edad en la que se escucha, y como lo bailan 'nuestros niños'. Sí, si quizá veo a uno de mis hijos en un baile epiléptico donde chocan la pelvis (que puede ser reguetón o champeta o bachata, que tampoco el oído me da para tanto) me daría un pequeño infarto. Pero, la connotación y perversión sexual se la pone el adulto que la ve. Al menos a mí me lo parece. 

En el colegio con 12 o 13 años, jugábamos al burro, y montoneras, y a las cogidas entre niños y niñas. Y seguramente en esa época, si hubiéramos tenido tanto exceso de información, nos habrían acusado de inmorales, de hacer orgías con ropa y de acoso sexual mutuo. Creo que para ese momento de la vida, no habríamos sabido buscar en un diccionario la palabra 'orgía'.


¿Canciones malas? sí, creo que ninguna me gusta, aunque algunas me traen recuerdos graciosos y por eso las conservo en mi mente. En términos de lo que se y me gusta de música, no encaja en nada el ritmo, con las (des)armonías y las letras que en un 95% de los casos no entiendo, y que soy incapaz de diferenciar en una discoteca cuando se acabó una canción y empezó otra. No le doy esa mala vida a mis oídos. Pero me gusta ver la gente contenta. meneando la nalga, alzando la copa, burlándose de la vida y esperando el viernes para darle gusto a su cuerpo. 


Es suyo, y ninguno tiene por qué decirle con qué lo pone a gozar.


No odio el reguetón, ni a la gente que lo escucha, no me parecen trogloditas, brutos o ignorantes, o mujeres con problemas de autoestima (ni los uribistas tampoco). Me gusta pensar que tengo la capacidad de ver la gente más allá de eso. Pero no tan más allá, así que espero que nadie se ponga de exigente.


Y si algún día me animo, escribiré por qué tampoco odio la música de Ricardo Arjona. 


viernes, septiembre 25, 2015

Como Disco Rayado (Lado A)

Una triste coincidencia, 15 minutos antes de empezar a escribir esto. Mensaje Cifrado


Para S.F. Si me dicen que tengo miedo, en mi propia cara, temo menos. Algún día dejaré de temerle a esto y haré lo que me corresponde

Mi mundo es muy limitado. Esto en referencia al mundo total. Así que de mi limitado mundo me dedico a hablar, a callar a escribir.

Parto del supuesto que a todos los que comparten mi finito y más bien pequeño mundo, nos toca en algún momento. Tarde o temprano, de una forma u otra, tan ineludible como la vida misma, y tan inevitable como morir.

Tiempo me ha tomado escribir esto, porque me he tenido que cuestionar mucho no solo sobre el tema, sino sobre el por qué y el para qué escribo. Antes pensaba que era el mero gusto, pero hechos circundantes han modificado mi manera de pensar. Pero ya habrá otro momento y otro texto para eso. Este es lo que se podría llamar un 'encargo' de alguien a quien aprecio mucho y que de una manera muy cariñosa pero enérgica me desafió a descender de mi pedestal de basura intelectual y compartir en el interesante mundo de la cotidianidad. En el que uno vive pero duda vivir.

Un tópico tan desgastado como el amor romántico y de pareja, tan parte de todo, todo el tiempo, tan visto desde todas las perspectivas posibles, la matemática, la filosofía, el arte, las conversaciones de borrachos, el comercio, la política, el deporte, la religión y la ausencia de todas las anteriores ¿Hay más que decir del tema? Al parecer sí. Perspectivas del amor de pareja, las hay como seres en la tierra. Uno tiende a pensar que mucha gente tiene ideas generales y pensamientos comunes. Pero al horadar al fondo de la cuestión se da cuenta que al final aplica la tan cajonera frase de "cada persona es un mundo".

Me encuentro que a menudo, mi manera de ver ahora las cosas (pues yo tampoco nací aprendida y cometí todos los errores del libro) se ve como un estado cuasi ideal de lo que la gente anhela y considera imposible. Vivir uno medianamente tranquilo, aunque con los problemas de siempre, dando a su relación la importancia que merece pero entendiendo que al final no es una prioridad, pensando en la monogamia como figura sobre valorada, pero sufriendo por su ego que no alcanza a comprender cómo otra persona puede suplir necesidades de las básicas y las espirituales mejor que uno (que no mejor, diferente, y en la novedad es donde se encuentra el progreso) , y tratando de entender por qué si tenemos tan claro en nuestros pensamientos lo que es la felicidad en pareja, nos queda tan difícil llevar a la práctica esas ideas que en nuestra reflexión se ven tan claras.

No tengo mucho qué decir. No me gustan los manuales, ni los links de 'secretos para mantener a tu novio', 'como detectar una infidelidad' o 'solteros somos más felices', porque intentan poner en un cuadro limitadísimo todos los matices de enamorarse. Un día el amor puede ser una ráfaga que te quema las entrañas y se convierte en orgasmo, así no sepas ni el nombre siquiera de quien lo provoca, y otro día se vuelve una tranquila tarde de leer un libro y tomar café o ver al otro haciendo cualquier cosa que le guste hacer, siendo uno objeto pasivo de la diversión. Un día son ganas de cocinar o salir a un restaurante, y otro día de ver películas pornográficas y salir de un motel en la mañana sin sensación de culpa.

Es tan complejo. Tan indefinible. Apenas distinguimos las señales y nos confundimos. Porque no vemos el amor como un sentimiento cambiante, vivimos en la persecución de revivir la sensación de la primera vez, como el drogadicto que siempre va por más. Intentamos medirlo en mariposas en el estómago, en palpitaciones del corazón, en la sensación de vacío con la ausencia del ser amado. Pero esos son apenas síntomas. Como el virus a la fiebre. No lo vemos, no estamos seguros de lo que es, cometemos el error de basarnos en nuestras experiencias anteriores o en las experiencias ajenas. Corremos de un lado  a otro pidiendo permiso, consejo, apoyo. Ignoramos durante mucho tiempo la sabiduría que cargamos todos dentro. Dejamos de creer en nosotros.

El amor, en general y en cuestiones de nuestra búsqueda eterna de complemento, es una realidad imposible, toda una paradoja donde cuando uno cree que ya lo había visto todo, hay algo nuevo qué aprender. No se si toda la vida, pero hasta ahora en la mía, sí. Lo que fue bueno ayer seguramente no servirá mañana, la única persona ideal que existe para uno es uno mismo, y quien llega a compartir ese camino es el complemento de esa persona ideal que siempre tenemos ahí pero que necesitamos adornar con besos, abrazos, compañía, afecto, sexo, confianza, camaradería y todas esas cosas que nos hacen tan felices y a la vez nos causan tanta tristeza.

No puedo decir por ahora nada mejor que eso. El amor y enamorarse de alguien es básicamente lo que sea que usted piense en este momento de eso. Lo que sintió por su ex pareja, es amor, lo que siente por ese inalcanzable, es amor, lo que sentirá por sus futuros compañeros, también lo es. No hay un solo amor en la vida, y cada uno será diferente y más o menos significativo en comparación con los demás, pero el amor no es para comparar. No lo busque, porque ahí está. Siempre está. En la ausencia, en la presencia, en cada idea que tenga usted. No intente repetir experiencias, si usted siembra dos semillas iguales en la misma tierra, seguramente no obtendrá dos árboles exactamente iguales, pero ambos serán hermosos, frondosos y útiles para lo que fueron hechos. Aprenda de los errores. No se vea dos veces en el mismo camino que destruye, y siempre que de un paso, procure que sea para edificar. Todo esto no solo lo hace a uno apto para ser mejor pareja, sino mejor persona.

Y ¿el  otro? ¿qué esperar del otro?. Nada. Así como a esta altura usted es dueño y señor de su manera de ver su amor, el otro también lo es. Solo sea. Como un río y sus peces. El río no es por y para los peces únicamente, pero ciertamente los peces tendrían mucho que agradecerle al río por ser lo que es, sin vivir exclusivamente de él, les falta el alimento, el sexo y otras cosas que no les da directamente el río pero que sin él no sucederían. Y cuando el pez muere, o cambia de río, o sale de él para que alguien lo ponga en una sartén, el río sigue siendo. Sea el pez, y sea el río también. Y prepárese. En el amor no hay nada escrito, no hay nada dicho ni últimas palabras, ni recetas mágicas. Es solo lo que uno tiene que termina viéndose reflejado en quien o quienes uno elige para compartir su existencia.

Amen sin reservas, sin condición, sin acuerdos previos. Y el resto, ya será su propia historia.



viernes, abril 24, 2015

¿Fútbol? ¡no!

Si me preguntan desde cuando me gusta el fútbol, no podría dar una fecha precisa o una ocasión justa.
Eso es raro entre las personas que conozco con esta siempre discutida pasión.
Siempre recuerdan la fecha, la hora, el partido, quienes jugaban, y por qué significó algo tan especial para ellos. Bueno, no son tantas las personas realmente apasionadas que conozco así que a mi conclusión le faltaría bastante argumento para ser contuntente. Pero como siempre, solo puedo hablar de lo que conozco. Es tonto hacerlo de algo que no.

La cosa tiene que estar entre un partido del Santa Fe contra el América, en esa época de los pantalones cortitos y blancos, del Médico Ochoa y del Campín con el pasto quemado a veces, por allá arrancando los 80 y las noticias dramáticas de la no clasificación de la selección de Holanda a los mundiales del 82 y el 86, que en ese momento hizo bastante ruido, aunque yo no tenía edad para entender por qué. Además de la famosa historia de por qué no fuimos sede en el mundial del 86, y el arrepentirme toda la vida de no haber conservado unos guayos que ya venían con la frase 'Colombia 86' . Ciertamente a esta altura de la vida, hubieran sido un buen pasaje a la nostalgia.

A lo largo de la vida me enamoré del equipo que ahora me hace sufrir, no tanto como mi primer matrimonio , pero duele a ratos, patee balones, vi partidos, salté en estadios, lloré, celebré, me apasioné y me enamoré de ese extraño deporte que aún sin gracia se ha vuelto de las cosas más conversadas en este mundo junto con la política, la religión, el sexo y el dinero.

Adicional y para mi dicha, mi actual compañero de vida, respira fútbol de una manera asombrosa. Soy del plan de despertar temprano sábados y domingos a sintonizar ligas internacionales y después irme a verlo jugar con su equipo . Así que cada día aprendo más, me apasiono más, y me gusta más.

Y después de toda esta declaración de principios, solo me queda por decir que para mí, el fútbol no debería ser la pasión de un pueblo, ni la identificación de un país, ni un hecho político o social relevante de ninguna forma.

Los clubes y toda la industria del fútbol, son una empresa privada, que favorece a lo que favorece la empresa privada, a sus dueños. Nada más. Nosotros los 'pendejos' enamorados, movemos esa máquina, y lo hacemos por gusto, pasión y elección.

Es indignante que los gobiernos locales destinen al menos en Colombia, recursos para mantener esta industria. Alcaldías y gobernaciones destinando partidas para arreglar estadios, acceso a estadios, patrocinio a equipos cuando en una ciudad como Bogotá, de casi 10 millones de habitantes, por mucho a 2 millones les interese de verdad la cosa, de ir al estadio, y de mantener a su equipo. Que con problemas grandes de seguridad haya que mover media policía a cuidar a desadaptados con camisetas que ni siquiera pueden llamarse 'aficionados' o 'hinchas'. Increíble que a la gente que no elige tener la mística y la pasión por el futbol que algunos elegimos, se le quiera meter por los ojos que un torneo es 'hacer patria' que es 'dejar en alto el nombre del país' y todas esas pendejadas, de las que muchos con razón se quejan. Y que el concubinato entre dirigentes de clubes y políticos locales sea tan obsceno.

Jugar fútbol, es jugar fútbol. Hacer país es otra cosa bien diferente. Bien dicen los que se quejan del tema, que nos quieren alienar con eso. Pero no significa que quienes elegimos amar el fútbol (que no es matarse por una camiseta o tener acento de marginal o de argentino barriero mal imitado) estemos alienados.

La plata de las taquillas no va para el pueblo, la plata de las transferencias, no va para el pueblo. Los costos de seguridad, de los daños físicos provocados y de la mejora de escenario, esos sí nos tocan a  todos ¿Qué opino? Lo que opino siempre en estos casos, que tenemos un gran problema, porque todo mundo quiere sacar provecho de su posición pero nadie quiere asumir sus responsabilidades al respecto.

Por ahora, seguiré amando a los 22 pelotudos que corren detrás de la pelota. Rezando para que mi equipo vuelva a la primera división aunque se que cuando vuelva será aún peor el sufrimiento, y usando lo que amo, para conectarme con el mundo. Pero no se confundan, el hecho de que entienda a los que no entienden por qué lo hago, no significa que voy a permitir que me sigan tratando de idiota, indolente, alienada, y todas esas cosas horribles que me dicen, cada vez que manifiesto de manera respetuosa la pasión que tengo por la pecosa.

Así que , ahí les dejo.


miércoles, enero 28, 2015

¿qué pueden aprender las mujeres de los hombres?

Esta entrada va dedicada a todos los que la lean, pero en especial, a los hombres de mi vida actual a quienes les aprendo todos los días D. y F. 

Bueno, va ante todo, en mayúscula, negrita y demases, mi sincera disculpa por el 'trending'. No voy a entrar a debatir que si el reinado, que si la niña, que si lo importante de la sociedad, que si somos unos simios alienados... no. Pero como así no quiera vivo inmersa en el mundo actual, lo cual me disgusta pero debo adaptarme a ello, tengo que ver a diario cómo la gente hace chistes, o se pregunta en serio si la pregunta aquella del reinado aquel a la niña aquella tiene alguna relevancia real o no, y una respuesta que no sea el chiste "a orinar de pie" que en serio fue el que más me gustó. Es menos pendejo que el 'hombre con hombre mujer con mujer' popularizado por otro concurso de belleza.

No seré la primera ni última persona pendeja que esté redactando una disertación breve del tema. Lo peor es que a artículos más pendejos que estos les van a pagar y yo todavía escribo gratis. Así que esto lo hago por el amor al arte de escribir y a las letras en general, y porque como los que me conocen ya saben y los que no se van a enterar, soy bastante arrogante y me cuesta quedarme callada frente a un tema donde cada uno tiene su opinión y le parece la mejor (como pasa con los culos, las religiones y los temas en general)

En serio, después de la avalancha de opiniones, uno no encuentra que alguien pueda responder la pregunta ¿pueden las mujeres aprender algo de los hombres? Llevamos décadas, más de medio siglo en un debate sexista de todo lo que los hombres como género masculino nos han quitado a lo largo de la historia. Desde temas tan fundamentales como por qué antes había 'diosas' y ahora el 'dios' verdadero y todo poderoso se figura como un hombre en una gran parte de cultos, hasta cosas tan pendejas como que hay que cambiar las reglas del español e incluir el todos y todas , niñas y niños, y con el correspondiente orden de 'las damas primero' , pasando por el degenero de convertir la @ y la X multigénero en una letra impronunciable al menos en español, para que ahora nos cuestionen de si aparte de todo ese atropello de falos y testosterona nos faltó por aprenderles algo.

Años, textos, luchas y hasta muertos y muertas tratando de demostrar que el género femenino tiene cualidades incomparables frente a su complemento ¿y ahora nos vienen a decir que tenemos algo que aprenderles?

Bueno, yo digo que sí.

Inherente a ellos y a su cultura, la forma de asociarse tan natural que tienen. Desde el niño en la escuela que no tiene problema con jugar fútbol con el gordo, el negro, el feo, el que tiene piojos, a diferencia de la niña que aprende desde pequeña a dejar de lado lo que no cumpla el estándar que le hayan impuesto (incluyendo a los niños), hasta la manera en que dos pendejos (hombres) se encuentran en un bar y terminan siendo buenos compañeros de tragos (cosa que déjenme decirles, en mis años de experiencia y cantina nunca he podido ver en dos mujeres solas, lo más cercano ha sido cuando entre ellas intermedia un hombre) .


Me gusta de los hombres como les insertaron en su educación a ver de manera objetiva sus sentimientos. He visto hombres despechados, aunque muchas no lo creen, también lloran, también miran el teléfono esperando a que su tormento los llame, también se emborrachan y cantan rancheras a grito herido por la mujer de sus amores. Pero tienen una manera de llevarlo, para mí, tan sobria, tan mesurada, que a veces raya con una opresión enferma a sus propias emociones. Si lográramos un equilibrio desde la mente femenina, tendríamos menos culebrones y menos mercado para las telenovelas.

Me gusta de ellos que no nos cohíben cuando nos metemos en sus terrenos. En general, (obvio que todo esto, lo anterior y lo siguiente cuenta con sus excepciones), los hombres no se enojan si las mujeres hablamos de fútbol (así sea de forma torpe) o de deportes en general ( y nos perdonan la ignorancia), no se enojan si  hablamos de pornografía, no se enojan si  hablamos de sexo de manera desenfrenada y descarada, no se enojan si hablamos de lo buena que está una vieja. Ahora, en serio ¿no somos nosotras mujeres de las que los regañamos por no distinguir un rojo, de un borgoña o de un fucsia? ¿alguna vez alguna le ha contestado a un hombre qué se siente tener la menstruación? (alguna vez uno me lo preguntó y no supe qué decirle), ¿no somos de las que le ponemos motes com metrosexual, galletón, blandito a los hombres que saben de marcas de champú, de salones de belleza o de artistas románticos?  . Eso sí, queremos que nos entiendan pero pocas veces permitimos que nos quiten el dominio de temas que creemos que son solo nuestros. Entre esos, hablar de hombres.


En general, me considero fan de los hombres y de su forma de ver la vida. Así no fuera heterosexual, creo que se los admiraría, igual. No es una cuestión de gusto o condescendencia. Es una admiración a un espíritu diferente al nuestro. Igual de complejo. Nunca diré que son perfectos. De hecho, en la vida me he topado con más hombres cafres que con mujeres mala gente.

Solo que me admira. Agradezco haber nacido mujer para entender lo valioso de que ellos nos complementen, que si Dios, la naturaleza, Darwin o el monstruo de las galletas nos diseñó de esa manera, tiene un sentido perfecto.

Agradezco a los hombres que han complementado mi femenina existencia, a los que me han amado y a los que me han hecho ser mejor, hasta haciéndome cosas malas. Que espero seguirles aprendiendo cosas a ellos, a ellas, y a todos. Y seguir pensando que mejor que ser iguales, es ser diferentes y completarnos mutuamente. Hombre con hombre, mujer con mujer, y lo mismo en el sentido contrario.


No tendré calidades para ser 'miss' de nada, y seguramente si yo hubiera estado en el lugar de esa niña me habría puesto a llorar porque no habría sabido qué responder de forma inmediata a esa pregunta. Sin embargo creo que es más importante que pensarnos en el nivel de 'penes y vaginas' imaginarnos como personas, en todas nuestras dimensiones.



viernes, enero 16, 2015

La gente que no quiere a la gente

Como muchos de ustedes, de forma transitoria o permanente, estoy aburrida de la gente.
De la gente que conozco, de la que no conozco, de la que no conozco y aún así me afecta.
De la gente que creí conocer, y de lo diferentes que son cuando los conoces.

Me cuesta aceptar que construir vínculos personales exitosos requiere de tantos fracasos, que llega uno a preguntarse si de verdad vale la pena pagar el precio.

No, no me como el cuento de que un amigo es un tesoro, ni de que mejor pocos amigos que muchos conocidos, ni nada de esa carreta sentimentaloide. Como muchos de ustedes.

Para mí una persona es suficiente, y esa persona ha estado conmigo desde que nací. Esa persona, efectivamente, soy yo.

Todas nuestras complejidades y cegueras son agobiantes. Como cuando criticamos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el propio. Como cuando nos destrozamos y después nos abrazamos para consolarnos. Como cuando tratamos de maquillar nuestras imperfecciones y el daño que hacemos a los demás con sicología de cantina, o de andén, haciéndonos creer que siempre estamos del lado correcto de la razón. Y si todos estamos en el lado correcto de la razón, lo más seguro es que todos estemos equivocados.

Estoy aburrida de tener que cambiar el lente como si fuera un telescopio, frente a cada situación, frente a cada persona, frente a cada momento. De pregonar que 'uno es siempre el mismo en todos los ambientes' como la mentira más grande del mundo.

Si la gente supiera como es el otro, probablemente dejarían de hablarle. Ese brillo que uno percibe de las personas según su afecto y su interés, es simplemente una alucinación más de querer saber que usted siempre tiene la razón y el resto son unos borregos no pensantes.

Como quisiera pasar por la vida sin tocarles, sin tocarnos, sin necesitarnos.

jueves, septiembre 11, 2014

Había una vez

Había una vez un mundo en el que yo no estaba. En ese mundo el sol salía por el oriente, y se ponía por el occidente, llovía de vez en cuando y a veces hacía sol. 
La gente se enamoraba, y se despreciaba, a veces se mataban y otras se dejaban vivir en agonía.
Los hombres les veían el trasero a las mujeres. Y las mujeres hacían lo mismo pero solían no admitirlo.
En ese mundo la gente moría de cáncer, de envidia, pero jamás de amor. 
Y había niños felices, y otros bastantes infortunados, a algunos incluso los asesinaban.
En ese mundo había políticos corruptos, buenos profesores, artistas mediocres, y programas de televisión que apestaban.
En ese mundo la gente iba a teatro, pero casi nunca había tanta fila como en el cine. 
En ese mundo la gente también iba a ver pornografía, y a veces partidos de fútbol.

En ese mundo no estaba yo, pero muy seguramente alguien ocupaba ese espacio, y consumía ese aire, y daba vueltas a las ideas en su cabeza una y otra vez.

En ese mundo la gente se quejaba un día, era feliz otro día. Tenían vicios, bailaban, dormían y comían. Tenían un amor secreto y siempre querían encontrar la felicidad. 

Un mundo con las mismas mentiras, con las mismas verdades, con la misma esperanza desesperanzada, que se ve como la gente loca sentada en un andén esperando a que alguien le ponga atención.


En ese mundo, nadie vivió feliz para siempre. Lo único diferente, era que yo no estaba. 

martes, agosto 05, 2014

La violencia que degeneró






Me ha tomado más de una década escribir esta entrada, y probablemente me tome otro lustro concluirla. Siempre supe que la iba a escribir, en algún momento de la vida pero jamás supe cuándo. Y me sorprendió, aunque fuera como todo en la vida el momento indicado.

Me disgusta tanto que la vivencia del ser humano se haya convertido en estos tiempos de amor cibernético, en simple generadora de tráfico noticioso. Que los dramas cotidianos, y las angustias de las personas se vean retratadas en 'realities' visuales o escritos, disfrazados en los correctos nombres de reportajes, o investigaciones. 

Que pongan en vitrina de carnicería maloliente las vísceras del humano destripado, desgarrado, adolorido, avergonzado, para que genere amores u odios. Para que todo el que pase se sienta invitado a emitir juicios incriminatorios y discriminatorios sobre lo que hizo y lo que no quiso hacer, para que jueguen a adivinar sus pensamientos y los condenen.
Y en el fondo, que a nadie le importe realmente. Solo entran en ese juego de opiniones para sentirse mejores personas, o para ser parte consciente o no, de esa consigna de odiarnos a diario, odiarnos por todo, odiarnos por nada. Distanciarnos.

Tal vez por eso me tarde otra década en terminar esta historia. La historia de cuando por ser mujer, por ser yo, y por cargar con una serie de estigmas personales fui víctima de la violencia de género.

Cuando todo empezó yo ni siquiera sabía que eso me podía pasar a mí. Mentira. Me pasaba y me lo negaba todo el tiempo, porque crecí en una sociedad donde las mujeres somos educadas para tragarnos el dolor. Así que digamos que simplemente cambié el escenario.

Con las concepciones absurdas que le da a uno el amor y el deseo, sumados a una temprana acumulación de información sobre la vida que tenía a mis escasos 18 años (no quise cometer ninguna contravención y esperé a mi mayoría de edad para asumir mis riesgos consciente de palabra y obra), decidí formar una familia. No me embaracé por accidente, no me echaron de la casa. Mis adorados padres no me golpeaban, no era drogadicta (aunque si me gustaba mucho la fiesta y los amigos), no  necesitaba un marido que me mantuviera o me comprara ropa, ni un hombre para que me diera placer sexual inocuo. Sabía suficiente como para entender que la vida no era un camino de rosas, y desde ese día hasta el día de mi muerte, creeré que el amor es la redención del ser humano.

Y así me aventuré. Con una bolsa llena de sueños, y con un espíritu ya probado en dolores extraños, quise emprender la aventura de una familia y de un hogar, porque entendí de alguna forma que el futuro es más brillante cuando alguien camina en tu mismo rumbo.

Y aunque llevábamos un tiempo como pareja y para mí los problemas y dramas eran 'normales', nunca imaginé qué me esperaba en adelante.

Ocurrió un día como cualquiera, discutíamos quizá por el color de los muebles que pondríamos en nuestro apartamento recién alquilado, o que se yo, al fin y al cabo el motivo es el menos relevante en estos casos,  cuando de un momento a otro, por un desacuerdo sentí el primer golpe. Muchas veces en mi adolescencia tuve peleas de puños, pero hasta donde recuerdo, nunca un golpe me había alcanzado la cara, (ya que gran parte de saber pelear radica en saber defenderse), pero como no estaba en modo defensa, un golpe seco se me encajó en el pómulo. No pude reaccionar. Todo fue una pesadilla surrealista, con una lluvia de golpes, patadas, asfixia, lágrimas, y todo el tiempo en mi cabeza pensando ¿por qué me pasaba a mí? Cuando reaccioné era tarde. El monstruo se había ido (para mí) y había dejado a mi esposo ahí vacío. La misma cara de rabia que hace un  momento creía que iba a matarme, de un momento a otro se tornó en una cara de terror, de angustia, de arrepentimiento, de ganas de volarse la cabeza. No era para menos. Recuerdo que cuando volteé a ver mi cara al espejo, supe que algo había terminado en mi vida. Supe que en adelante nada iba a ser igual para mí. Por primera vez, vi mi cara desfigurada a golpes, me costaba reconocerme. Los pómulos hinchados y negros, los labios reventados y las encías llenas de sangre, la cabeza deforme por los 'chichones' y muchos más dolores en todo el cuerpo que me costaba localizar. Siempre guardo esa imagen en mi cabeza, como el doloroso fin de los sueños que no habían podido ser arrancados antes. Como el inicio de la desgracia.

De ahí los episodios primero eran espaciados, después más frecuentes. Después ya que importaba. Ya mi cerebro contaba con horarios específicos en los que la alerta era mayor (fines de semana, días de pago, días en que el tráfico no me permitía llegar a mi hora acostumbrada y se convertía en otro motivo). Días en los cuales era imposible ocultar las marcas en el cuerpo y en el alma, y que aun así había que salir a la calle, seguir trabajando y seguir estudiando porque la vida seguía. Porque el mundo no se detenía si mi cara ya no era tan bonita, si no  me podía vestir de una manera que me gustara porque era interpretado como una búsqueda de flirteo en la calle. Que terminar una carrera literalmente me costaba sangre, porque cada trabajo en grupo, cada salida con mis compañeros a esperar el bus, o cada salida de esas ocasionales en las que uno la pasa tan rico con los que estudia era un riesgo casi que de morir. Y aun así, para mí  la vida continuaba. Si me iban a matar, quería que por lo menos fuera viviendo. Algunas cicatrices son testimonio de que ese pasado sí fue y otras simplemente heridas que se niegan a cerrarse. Visité tantas salas de urgencia y algunas de cirugía que desarrollé una fobia inmensa a los servicios de salud. No por la mala atención, sino por lo que me evocan cada vez que voy así sea al odontólogo. 

Con el tiempo, mi autoestima hizo lo que tenía que hacer. Desmoronarse. Llegué al punto de sentir culpa y vergüenza por lo que me pasaba (la culpa no es importante, yo era responsable pero de ningún modo culpable, algo que me costó años entender). Me costaba pensar en el suicidio como salida, pues mis dos hijos ya estaban conmigo y para mí siempre es claro que el dolor no es morir, sino sobrevivir a los que  mueren en esas circunstancias. Vivía por inercia, porque en el fondo sabía que para mal o para bien esa situación no duraría para siempre, y me cuestionaba los motivos para seguirla soportando.

Sí, yo también recibí esos odiosos comentarios de: "pues demándelo", "pues déjelo, o ¿es que le gusta vivir así?" "pero ¿qué le pasa, si usted es bonita, joven e inteligente?" e incluso los no pocos "pues por algo será que la trata así, a uno no le pegan por portarse bien" (de eso escribiré algún día porque a veces uno si se busca los golpes).

Sin mucha carreta, mis razones eran dos, el miedo, y el amor. Cuando uno vive bajo amenaza física y verbal constante, desarrolla un miedo que le permite exagerar las consecuencias de lo que haga. Miedo de hacer, miedo de no hacer. Miedo de que cambie. Miedo de que no cambie. Miedo de despertarse un día y tener a su espalda un dolor mucho mayor. Miedo de que la gente le diga a uno 'te lo dije' como sentenciando que uno es idiota. 

Y el amor. Porque no es solo mi historia. Estaba la de él. No podía justificarlo, pero entendía que su comportamiento era la suma de circunstancias no menos difíciles que las mías, de una sociedad que no supo darle lo que necesitaba, que nunca le pudo explicar qué era una familia o para qué era. Que ni siquiera le vendió la estructura básica para entenderla. Él no me odiaba a mí. Odiaba su entorno y yo estaba siendo parte de ese entorno que siempre había tratado de acabarlo. 

Creí firmemente en que podía sacarlo del abismo. No escatimé recursos, y las cosas que hice para sacarlo del hoyo no están para ser contadas. Di todo lo que tenía, y el daño era tan grande que nunca fue suficiente. Al tiempo que ambos nos hundíamos, nos marchitábamos por el mismo camino, nos perdíamos sin lograr jamás volver a encontrarnos. En las treguas descubrí cuanto había yo cambiado. Cuanta rabia traia no solo de esos años sino de los anteriores tratando de luchar contra otras más hostilidades que quizá un día escriba también. 

Los dos últimos intentos, el de redención y el de renuncia, se dieron tan juntos que no puedo saber cómo contarlos aparte. Solo sé que esta historia no tuvo un final feliz para nadie. Solo sé que no me arrepiento de las decisiones tomadas. Solo me cansé y solté su mano. El destino tendría para hacer el resto.

El fin de este cuento se encuentra en una de las miles de páginas de crónica roja que se escriben en este país cada vez más a diario. Al final, yo también estuve expuesta (sin nombre propio), al escarnio, a la condescendencia, al juzgamiento. Pocas palabras de aliento, de amor y de apoyo sincero hubo para mí en esos días. Era mi culpa, yo me lo había buscado. Por patiabierta, por ‘culipronta’, por mala. Por yo. 

Después de casi una década, a veces me despierto todavía en medio de la madrugada, con miedo y angustia, porque mi cerebro no se olvida todavía de esos horarios que el sentido de supervivencia le ayudó a programar.

Algún día concluiré esta historia, o la volveré a contar.


viernes, mayo 23, 2014

Políticamente Correcto

Ya empezando, la embarramos, el título de este post es algo de esas cosas que ya no se puede decir sin tocar el nervio palpitante de la conciencia colectiva que cada día nos traga una parte de nuestra individualidad, de nuestra forma de ser, de nosotros mismos.

El título es repetido, soso, ya sabe uno que huele a insulto disfrazado de crítica que pretende ofender a la mayor cantidad de gente posible sin que se den cuenta.

De acuerdo con los nuevos cánones de socialización y las normas de comportamiento humano, uno ya no debe, ni puede:

Hablar de fútbol, de ciclismo, de fórmula 1, de nascar, de tenis, de golf y de cualquier tipo de práctica deportiva donde triunfe alguien con quien uno pueda identificarse. Si es de su país, entonces usted es un triunfalista, pero si es de un país extranjero usted es un arribista que no quiere a su patria. Y de donde sea, usted es un alienado que no piensa sino en cosas banales como el deporte de alta competición cuando el mundo se sigue yendo por un hoyo podrido.

Hablar de religión, de ateismo, de curas, de espiritualidad, de Dios, de Satanás, de Monesvol, Chtulu, el Indio Amazónico, de la Virgen del Carmen, de Brujería, de la Santa Muerte, de Vudú, porque bien, usted es un pendejo que se hizo adicto a una droga donde le dicen qué tiene que hacer y como hacerlo, porque usted le hace caso a otros seres humanos cuya conducta es indeseable y que no deberían decirle cómo actuar o cómo no hacerlo, y porque rezarle al que sea o maldecirlo según su elección, no hará nada para que el mundo se siga yendo por un hoyo podrido.

Hablar de política, elecciones, democracia, historia, leyes, paros, protestas, ni a favor ni en contra. Porque si usted manifiesta pensar como no piensa el que más escándalo hace, usted es un bruto, un pobre, una persona que se vende por un tamal y una teja. Pero si manifiesta pensar como piensa el que más escándalo hace, usted es un comunista, izquierdoso, mamerto, mantenido del estado, subsidiario, subversivo y amigo de Fidel. Porque incluso su anhelada anarquía es apenas un espejismo que al final no nos sacará del hoyo podrido.

Hablar de sexo. De transexuales, homosexuales, multisexuales, aberrados sexuales, deseos sexuales, anhelos sexuales, juguetes sexuales, problemas sexuales, aciertos sexuales, chistes sexuales, duelos sexuales, trabajadores sexuales, enfermos sexuales, educación sexual, todo porque si usted obedece a sus instintos ancestrales y no los reprime, arriesgándose en todo caso a que su represión desemboque en un problema mayor que le afecte a usted y a otros, su cabeza vive dentro del hoyo podrido.

Hablar de idioma, de lectura, de escritores, de ortografía, de libros, de blogs, de ferias, museos y exposiciones. De intelectuales y de artistas, y de maestros y de sus demandas. Hablar de la cultura que se va construyendo es monstruoso porque solo somos la copia al carbón mal hecha de sociedades mal educadas, entonces no podemos atesorar nada de lo que ellas tuvieron si no queremos terminar igual. Debemos volver a las raíces, a lo propio. Eso sí, anhelando siempre ir de vacaciones así sea una vez a Disney. Si usted cita libros, le tildarán de arrogante, mamerto, personaje que habla por parecer inteligente pero que hay una gran probabilidad que no sea. Si no lo hace, probablemente descienda con dignidad al fondo del hoyo podrido


Hablar de género, de hombres y de mujeres, o de travestis. Porque los hombres son para lo que son los hombres y las mujeres son para eso también. Pero cuando uno de los dos quiere ser para lo que es el otro entonces ya es políticamente incorrecto, que para eso Dios los hizo así, que para eso el sol sale por el oriente, y los hombres trabajan y las mujeres paren. Pero si es mujer y se quiere dedicar a parir es una mantenida, y si se quiere dedicar a follar sin parir es una vagabunda. Y si es un hombre y se quiere dedicar a ver fútbol es un troglodita (y no volveré al párrafo 1) pero si le gusta el color rosa y sabe de marcas de zapatos y no le pega a su novia es un maricón. Si tiene 30 y no va donde las putas es un pendejo, y si no le pone los cachos a su mujer es porque ella lo manda, y si no trabaja para mantenerla es porque su papá tenía dudosas conductas sexuales. Y entonces a uno le dan ganas de tener vida de perro y poder excavar hoyos podridos o no y que nadie le diga nada.



De si está gorda, flaca, alta, enana, del color de su piel o de su pelo, de la talla de su ropa, o del tamaño de la barriga del señor en cierta etapa. Porque si lo hace es un superficial, pero si usted la tiene es un descuidado que está así porque se dejó llevar por el consumismo en forma de payaso, pero si va al gimnasio es porque tiene la cabeza hueca y como dicen 'si le dicen gorda hace ejercicio pero si le dicen bruta no lee un libro'. Entonces tiene que no hacer ejercicio, pero verse delgado y poderse poner ropa decente, de marca y ojalá cara, pero a la vez leer y ser culto e inteligente. Saberse todos los títulos de las obras del nobel y seguramente los nombres de las señoritas colombia de los últimos 20 años, así no tenga ni la más remota idea que es la Corte Penal Internacional o como funciona el Código Electoral de su país y los mecanismos para cambiar lo que le gustaría cambiar.


Hablar de amor y de desamor también. Si a usted le ama su pareja, o la ama, ¡qué oso ponerse a decirlo en público! eso es para inseguros, para pendejos, para gente que se inventa novias de goma o hechas de pantalla líquida para ser la envidia de los demás. Pero si lo dejan con el corazón como caña de trapiche, destrozado y escurrido, no llore, no escuche canciones deprimentes, no hable todo el día de esa persona que eso no se ve bien. Y aquí no cuenta lo que usted siente, cuenta que usted se vea bien.


No hable ni piense en pobres, en ricos, en idiomas extranjeros, en modelos educativos ajenos, en libros que quisiera leer, en rock clásico, ni en rock propio, en música de su tierra, pero en música en otro idioma tampoco, ni en santos, ni en demonios. Ni en la marca de pan del osito, pero tampoco demuestre la pobreza comprando pan de 100 en la esquina de su barrio. Odie a los taxistas y su mafia pero no monte en bus que eso es para pobres y lo roban o lo manosean. Hable mal del medio ambiente pero no haga el ridículo recogiendo su 'menage' en los restaurantes de comída rápida. Raje del alcalde, del presidente, del ministro, del abogado, pero si uno de sus familiares es funcionario público o policía o soldado, sepa donde poner sus paréntesis y sus puntos suspensivos. Odie a su jefe con vehemencia pero quédese callado cuando insulta a su compañero de trabajo solo para demostrar su autoridad y no diga nada, que eso se ve mal. Si algo no le gusta, incomódese, pero calladito porque eso no es propio de la gente educada. Hable mal de su país pero váyase a vivir al cono sur y póngase la camiseta de la selección porque eso de ser extranjero lo hace a uno atractivo.


Sea políticamente correcto. A su alrededor, las consecuencias.
Time - Pink Floyd

jueves, mayo 08, 2014

La sed del otro

Se dice tanto acerca del sufrimiento propio y del ajeno. Que cada uno tiene su procesión interna, que para todos sus propias debacles son una tormenta cuyo alcance solo puede apreciarse desde el propio ojo. 

Y de pronto llega el día, donde se empiezan a contar los días sin angustias, los días en los cuales la vida no nos parece un mar en eterna tormenta, solamente un mar, en el que hay días que hay que navegar con más fuerza, y otros no hay que esforzarse tanto. Nos damos cuenta que algo cambió y que aprendimos a sufrir menos, y a manejar esos demonios que en otras épocas nos impidieron conciliar el sueño, tener un sueño, alcanzar un sueño, recordar siquiera que podíamos soñar. 

El entorno cambia, se torna extrañamente tranquilo, y uno se pregunta si debería acostumbrarse a estar así, si debería olvidar de donde vino, y cerrar para siempre la puerta del caos para dedicarse a construir.

Y alrededor continúa el mundo sufriendo, ahogándose, muchos aún en medio de la tormenta sin siquiera saber que están ahí. Como bebés, o como cachorros, usando hasta el último gramo de su energía pataleando para no ahogarse, para no hundirse, para no sucumbir. 

Ahí donde vemos las bocas abiertas, desesperadas por aire, los ojos cansados de llorar, los brazos caídos cansados de remar y de abrazar y de esperar, y de alabar y de suplicar, las heridas abiertas de mucho tiempo sangrantes, aquellas que no cicatrizan nunca, es cuando caemos en nuestra tentación de mirar atrás, donde recuerdas en qué lugar es que están las cicatrices y algunas heridas que habias olvidado. 

Donde tornas a ver el abismo, y quisieras salir corriendo pero esa empatía humana te impide hacerlo, porque no quieres que nadie sufra, porque et da miedo verlos sufrir. 

viernes, enero 10, 2014

Haciendo Cuentas

Mil días sin tomarme el par de minutos necesarios para las decenas de palabras que aunque finitas y contables, no pueden cuantificar el cómo decirlo.
Cifradas en mi memoria, cuento las horas hacia atrás, y los días por delante, y sumo y resto el momento presente, donde el resultado sigue por alguna razón siendo cero.
Avanzan los días, con sus horas y sus minutos, pero siempre con la sensación de estar restando. El movimiento del tiempo solo sigue siendo una cuenta regresiva de la cual no sabemos el punto final.
Kilómetros de distancia, para quedar a solo centímetros del abismo, y para que el abismo solo sea realmente una brecha inmensa con poca profundidad.
Cuentas hasta diez, y en reversa, para volver a tomar tu curso, para iniciar la cuenta nueva, para dar vuelta a la hoja, para ver otra vuelta del reloj.
Por  más que creas que has llorado un río, tus lágrimas no completarán ni una cucharada. Y que creas que lo has visto todo, no escribirías diez líneas coherentes con tus experiencias. Que si vas en el camino de ascenso, seguramente no habrás recorrido ni cien metros.
Ni recorres los dos pasos que te separan de eso que tanto quieres, ni corres tan lejos como para ver tus ecuaciones en perspectiva.
Cuentas, cuando todo es incontable, no te atreves a contar, ni a mencionar. No te atreves a enumerar, ni a ponerle un plazo a tu incertidumbre. Solamente es que no sabes nada de contar.

Leda atomica - Salvador Dali







domingo, diciembre 29, 2013

Despertares Atroces

Hace ya mucho rato se me ha complicado un poco la labor de escribir, por algunas razones que no vale la pena mencionar. Afortunadamente, la tarea de leer siempre ha estado alimentando mi espíritu durante esas circunstancias bloqueadoras. Esta entrada, es sobre un libro que me regalaron hace poco y que me sorprendió de manera grata. Despertares atroces, que se me parece a algunas de mis pesadillas. Me gusta la idea de compartirlo aquí, y mis impresiones. 
Predata: Si todo sale bien, quizá siga compartiendo por aquí algunos libros interesantes que me han llegado últimamente. 


Despertares Atroces, es un libro de cuentos de terror escrito por Alvaro Vanegas y publicado en línea por E-ditorial 531
Una serie de pequeños viajes a mundos de pesadillas que comienzan justo al despertar. 
Algunos de los relatos no necesitan transportarnos a mundos extraños o desconocidos, nos habla de la parada del bus, el camino a la oficina, el despertar después de una fiesta salvaje con resaca y recuerdos por partes, una carretera, una crisis matrimonial, o uno de esos días en los que nos levantamos, pensando que todo va a ser mejor. Cualquier circunstancia es punto de partida para historias de esas que podrían pasar, porque todos hemos tenido al menos uno de esos lugares o situaciones comunes. Lo interesante de escribir terror, es llevar al espectador, en este caso lector, a pensar en la posibilidad de que estas historias o quizá otras más aterradoras, pasen, hayan pasado o puedan pasar, cerca de nosotros, en nuestras casas, en nuestras oficinas, y en nuestras propias mentes. 

Otras de las historias, nos traen realidades alternas, futuros probables, o dimensiones paralelas, las cuales no podemos pasar por alto, nuestros sueños podrían ser puertas a esos otros mundos donde también pueden ocurrir cosas aterradoras, y dormir en este plano, podría significar estar despertando en cualquiera de los imaginados, en cuentos como "Asamblea Extraordinaria"o "Equilibrio"

Once despertares de un sueño, donde los personajes de la historia quisieran estar soñando para poder despertar y parar la locura, o quisieran dormir para no tener que abrir los ojos a realidades, que no son controlables como sí pueden ser incluso las más aterradoras pesadillas. 

Vale la pena mencionar las ilustraciones del libro, una gran calidad visual y que complementa de buena manera el contenido. 

Bien, comparto el regalo con ustedes, ya que es de descarga gratuita por tiempo limitado.


 Descargue Despertares Atroces